domingo, 25 de septiembre de 2011

Entre los actos de la dramaturgia y del teatro (Entre los paisajes y las paredes de San Isidro)

"Mira mis ojos, se encuentran rojizos y lagrimosos,
 pues están cansados de resistir radiantes soles 
y frías noches enteras"
Daniela Taborda Taborda.[1]

Que sea este frío domingo de septiembre, la oportunidad perfecta para comenzar a escribir y a recordar el encuentro vivido con los estudiantes de décimo de la Institución Educativa San Isidro; un encuentro cargado de múltiples voces, lecturas, palabras, un poco de música e inesperadas imágenes.
Así pues, me encontraba una vez más entre esos hermosos paisajes del norte antioqueño, en medio de una carretera que, esta vez, no fue tan impactante, y con mi mente dispuesta ya en la institución y en lo que sería el resto de esta imborrable jornada.

Volver a estar con el grado 10º era, para mí, un reto y un compromiso personal, pues quería compartir nuevamente con aquellos estudiantes, quienes me dieron la bienvenida en mi primera visita a San Isidro, y a quienes, quizá, no les entregué todo lo que podía haberles ofrecido.

Fue, entonces, con la dramaturgia y con el teatro, dos temas que se juntan y que me apasionan, con lo que decidí compartir con los estudiantes esta vez; digo compartir con ellos, porque no eran temáticas nuevas ni ajenas. Como me contaron al comienzo de la clase, ya habían realizado una obra de teatro y hasta escrito un monólogo, hace un par de años.

William Shakespeare
Con esta conversación inicial sobre lo que conocían y sabían de teatro, con mi presentación y el porqué de mi visita, comenzamos a profundizar en el tema y qué mejor manera de hacerlo, que con un breve recorrido por la historia de la dramaturgia, con unos cuantos artistas, desde los más clásicos de la cultura griega, hasta llegar a nuestros contemporáneos y colombianos dramaturgos. Fue así como Sófocles, Moliere, Shakespeare, Lorca, Enrique Buenaventura y otros tantos, estuvieron con nosotros durante estas horas de clase. Nos acercamos, también, a algunas de sus obras y a lo que significa realizar una lectura dramática, la cual es, de manera simple, una lectura grupal, colectiva y creativa, en donde se escuchan diversas voces y el encanto de ceder la palabra a otro, un otro que bien puede ser un compañero o el profesor.

De esta manera, una vez finalizada la lectura sobre los dramaturgos con sus respectivas obras, dimos paso a la distinción entre ese extraño término que es dramaturgia y el sentido de teatro, dejando claras algunas características de ellos y en qué momentos hacíamos uso de cada uno. Para ejemplificarlo, entonces, les presenté dos textos dramáticos; el primero fue una obra que escribí hace un par de semestres para el curso de Teatro (mal llamado, por cierto), la cual titulé La muñeca de Sonia y fue muy bonito sentir sus caras de asombro al decirles que la obra era de mi autoría; la leyeron con mucho ánimo, se notaron activos y despiertos con la actividad, siguiendo, claramente, la idea de la lectura dramática. El segundo ejemplo que les compartí fue un fragmento de un texto dramático titulado Háblame como la lluvia y déjame escucharte del autor estadounidense Tennessee Williams, en donde, pese a existir dos personajes, es uno quien lleva la voz gran parte del tiempo, esto con el fin de ilustrar la idea del monólogo, un ejercicio que realizarían posteriormente. Les dejo aquí un pedacito de la puesta en escena de la obra, es decir, del teatro, del arte de la acción (a propósito de lo abordado en la clase):



Y llegando ya al final de la clase, dimos paso al temeroso y trágico momento de la escritura del monólogo, el cual iba acompañado de fotografías de afrodescendientes y de música realizada por ellos. La idea central de este momento era que los estudiantes se arriesgaran a la escritura de un texto dramático, teniendo en cuenta las sugerencias anteriormente dadas y los ejemplos que acabábamos de leer, motivados por las imágenes y el sonido de algunos personajes sin nombre, sin cuerpo, sin un lugar en el mundo, pero sí con un rostro al que tenían la posibilidad de otorgarle todo eso que le faltaba; era un momento, en últimas, para pensar un poco en aquellos en los que, rara vez, nos atrevemos a pensar.

Dibujo realizado por Jorge Ramírez
Y así, entre negativas para realizar la actividad sugerida, entre silencios, muchos silencios (a pesar de que durante toda la clase sus voces fueron primordiales), y entre aquellos jóvenes que sí se arriesgaron a escribir y a darle vida a ese rostro negro, junto con aquél quien, en lugar de escribir, decidió regalarle una ilustración a La muñeca de Sonia, fue culminando la clase de español de los estudiantes de grado 10º de la Institución Educativa Rural San Isidro. Fue este espacio, entonces, un encuentro que permitió escucharnos, leer, escribir (aunque fuera poco) y hasta dibujar, nos permitió aprender y reflexionar. Todos fuimos, finalmente, los actores principales de esta obra.  

Se iba acercando, ahora, el momento de compartir todo esto con los estudiantes de 11º (otra historia, otra experiencia habitada, también, por muchos silencios) y el momento de retornar a la ciudad, hacia donde iba cargada de un sinfín de sensaciones, de preguntas, de ideas… y con el ánimo de no olvidar esta historia de la cual es sólo el comienzo.

[1] Fragmento de Ten piedad de mítexto dramático escrito por la estudiante Daniela Taborda Taborda, del grado 10º de la Institución Educativa Rural San Isidro

Publicado por: Laura Giraldo García.


lunes, 5 de septiembre de 2011

EN SAN FELIX... CON LOS CINCO SENTIDOS

La jornada pedagógica que se llevó a cabo en San Félix en el municipio de Bello se convirtió en una grandiosa oportunidad para la investigación en el campo de la lengua y la literatura en contextos de educación rural. En esta visita, si bien realizamos intervenciones académicas con los estudiantes como maestros en formación, también enriquecimos nuestro proceso pedagógico mediante el contexto rural; se llevó a cabo un trabajo de retroalimentación en el cual tanto la Institución Educativa Rural San Félix como nosotros, estudiantes de Licenciatura en básica con énfasis Lengua Castellana de la Universidad de Antioquia, fuimos participes de un significativo  intercambio de intereses y saberes.

La primera parte de la jornada la compartí con los estudiantes del grado once. Con ellos realicé un taller de lectura y escritura desde el texto narrativo. Éste inició con una  activación de saberes previos sobre el texto narrativo que se realizó mediante la reconstrucción de un cuento popular: “Caperucita Roja”, todos los estudiantes  participaron motivados contando de manera oral una parte del cuento lo que sirvió como pretexto para adentrarnos en un conversatorio  grupal guiado sobre la temática del Texto Narrativo. Luego se realizó  la motivación para la actividad central con la lectura del cuento “El almohadón de plumas” de Horacio Quiroga, que por cierto no le gustó a la mayoría de los jóvenes del curso quienes lo imaginaron desde el priincipio mucho más terrorífico y de suspenso. Seguidamente les entregué unas consignas a los estudiantes con frases que debían incluir en su producción textual. Las consignas indicaban suspenso y con base en ellas tenían que escribir su propio cuento. Para finalizar se socializaron algunas producciones de manera voluntaria, de igual forma participaron en comentarios sobre las creaciones de sus compañeros. Esta actividad fue un éxito, los muchachos leyeron y escribieron sin ninguna dificultad, lo hicieron de manera creativa, e ingeniosa, lograron unos cuentos fabulosos que podían descrestar a los lectores. El mayor temor de los chicos antes de iniciar su proceso de escritura fue "La mala ortografía" dicho por ellos mismos quienes preguntando a los compañeros, a mí y al diccionario fueron entrando en confianza encontrándole el sabor al ejercicio propuesto de producción textual.   



En la segunda parte de la visita realizamos un Carrusel sobre Publicidad para l@s niñ@s de primaria. Aquí trabajé con ellos en la Base # 1: Volantes... que ejercicio tan bello, que experiencia tan bonita poder escuchar y leer a aquellos pequeños. 

La actividad consistía en que el amigo Pachín (títere) y yo les contábamos a los niños que son los Volantes y se realizaba un conversatorio con preguntas dirigidas sobre este medio de publicidad: ¿conocen algunos volantes?, ¿cómo son?, ¿para qué sirven? Se les muestran algunos Volantes. Luego se invitó a los niños a pensar en lo que más les gustaba de su Institución y porqué invitarían a otros niños a estudiar en ella. Participaron voluntariamente contando sus ideas. Se les entregó una hoja a cada niño para que, a partir de dibujos y escritura (como ellos supieran), elaboraran un volante para contar algo sobre su colegio e invitar a otros niños a matricularse en él.


Los resultados de esta actividad no fueron menos maravillosos que los del primer taller, la mayoría de los niños se dejaron motivar por el tema que les convocaba para escribir, nada más y nada menos que su colegio. De su Institución los niños hablaron cosas hermosas como que era la más linda del mundo, que las profes eran muy "enseñosas", que les daban vitaminas (para referirse al refrigerio escolar) y que aprendían cosas que no sabían... 

Esta actividad con los pequeñines se convirtió en otra forma de leer la Institución misma, su contexto, sus interacciones. 






Fabuloso estar en San Felix... vivirlo, sentirlo, respirarlo, escucharlo, observarlo, saborearlo aportó oro a nuestro trabajo investigativo, a nuestra práctica pedagógica, a nuestro ser como maestr@s.


Lina Marcela Restrepo A.