lunes, 5 de septiembre de 2011

Y DECIDÍ SER MAESTRA... Experiencia Significativa



                                                                         Y decidí ser maestra justo después de que toda mi niñez la dediqué a jugar "Escuelita" y a "Ser la Profe"... Recuerdo esa Escuelita en el corredor de mi casa, con loncheras de verdad que yo, la profe, les regalaba a los niños (galletas, pan o si tenía dinero, confites), les hacía cuadernos con hojitas recortadas y pegadas con unos clics de colores que me enviaba una tía de EEUU, les prestaba lápices, todo con tal de que se sintieran felices de estar en  mi escuela y poder "jugar a eso tan bueno y tan bonito". Ese juego que, a la vez era soñar con la vida misma, empezó  a ser una linda realidad cuando entré a Estudiar a la Normal Superior de Envigado. Ingresé a estudiar allí cuando tenía 9 años al grado cuarto y desde que entré por primera vez a mi colegio me di cuenta que era el lugar dónde deseaba estar y estudiar hasta que estuviera grande como las practicantes que eran las jóvenes de 10 y 11 que hacían sus prácticas con nosotros los niños de la primaria. 

Estudiar en al Normal fue todo el tiempo una experiencia significativa porque enriquecía mi ser constantemente y alimentaba sin límites mi decisión de ser maestra. Una de las cosas que me más me gustaba era el trabajo con las practicantes; me encantaban las clases que ellas nos daban, eran totalmente diferentes a las de la profe titular del grupo. Nos proponían actividades que llamaban toda nuestra atención por su creatividad, eran divertidas, innovadoras y siempre nos enseñaban algo nuevo; el material que empleaban era fantástico, colorido, agradable a la vista. Estos espacios eran algo así como cuando un niño abre un regalo y sabe que lo que hay dentro de la envoltura es algo que deseaba con todas sus fuerzas. Cada que tenía un encuentro con ellas pensaba que yo quería ser así y elaborar materiales tan bonitos y actividades tan chéveres como las que ellas hacían. Y disfruté de las clases con las practicantes dos años, cuarto y quinto de primaria. 

Cursé también mi bachillerato en este fabuloso colegio, no me cambiaba por nadie y cada detalle afirmaba mi vocación, desde el uniforme hasta la profe con la que me identificaba, aquella quien era mi referente para decir: “yo quiero ser así”. El elemento que más marcó mi vida como estudiante en un bachillerato con énfasis en pedagogía fue, indudablemente, las prácticas pedagógicas. Las inicié en noveno cumpliendo unas horas de Vigías de Salud en un Preescolar privado, habían 12 estudiantes que oscilaban entre los 2 y 4 años de edad, yo no les daba clases, sólo acompañaba a la docente en sus múltiples actividades con los niños, era maravilloso hacer parte de ese lugar. En décimo y once empezamos a hacer las prácticas en la primaria de la Institución, es decir, que ya había llegado el tiempo de ser como esas muchachas que hacía seis años le cambiaban el color a las clases de los niños haciéndoles más amenas sus jornadas escolares; ahora si planeaba y ejecutaba unas clase orientada por la docente de práctica y por la docente del grupo que nos acompañaba y nos orientaba todo el tiempo; que lindas y significativas experiencias cuando interactúas con esos pequeñines que por primera vez te llaman “profe”… que fortaleza te da esa palabra para seguir adelante en tu formación pedagógica.
Con respecto a la docente con quien me identificaba en bachillerato, puedo decir orgullosamente que era  con la profe de Lengua Castellana. Esta área era la que más me había gustado desde siempre, al contrario de muchos, no porque me gustara mucho leer, sino porque me encantaba escribir. En las clases de español llevábamos dos cuadernos el de los contenidos del área y otro que era sólo para escritura espontánea, la profe ponía el tema y libremente los estudiantes escribíamos un cuento, una poesía, o una reflexión o un “ensayo”. Yo escribía, recuerdo, cosas muy bellas y decoraba las páginas con todos los detalles posibles, así solemos ser las normalistas, y cuando empezaba la clase era de las primeras en levantar la mano para socializar mis producciones por las cuales la docente me felicitaba haciéndome sentir que tenía muchas capacidades para esta linda tarea de escribir. Así transcurrió mi bachillerato, dando buen rendimiento en todas las áreas, excepto en matemáticas; y en Español a parte de tener un nivel de desempeño alto, era la materia que más disfrutaba y con la cual identificaba todos mis intereses académicos.


Continué el Ciclo Complementario, inicié mis estudios como Normalista Superior en el énfasis de Lengua Castellana. En estos dos grados tuve mi primer acercamiento significativo con la literatura. Recuerdo un curso en especial que fue la puerta para este encuentro con la lectura, con la literatura: Teorías Literarias. A partir de ahí inicié con hábitos de lectura que hasta entonces no había desarrollado y empezó a gustarme, ya no sólo escribir, sino leer, leer cada día más.

Me gradué entonces como Normalista Superior de Envigado en el año 2004 y obtuve una mención como Mejor Normalista Superior Énfasis Lengua Castellana. Dicha mención la obtuve por la excelencia académica durante el proceso de formación y por la calificación de 4.9 en el trabajo de grado realizado en el Ciclo Complementario sobre los niveles de conceptualización de lectura y escritura en los niños.

Así pues, las experiencias más significativas en mi proceso de formación como docente se resumen en dos hermosas realidades: jugar Escuelita y ser Normalista...


Lina Marcela Restrepo A.  

2 comentarios:

  1. Lina...qué bueno que ya estés conectada, literalmente, con el blog. Tu experiencia está cargada de una emotividad increíble, además nos muestras una faceta de las "prácticas normalistas" (si así se pueden llamar) que yo, por mi parte, desconocía.

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  2. Es cierto que la experiencia de ser normalista es asumir toda una cultura escolar, a propósito de los Parra Sandoval y Lozano. Como dice Laura, prácticas que pueden resultar desconocidas desde otras experiencias de formación. La construcción de la identidad docente se da en la Escuela Normal, mediante unas lógicas realmente especiales que, en últimas, pasan de ser una motivación o una reflexión, a convertirse en una vivencia.

    Lina, nos has dejado ver un poco de tu alma, al desentrañar este bello relato desde elementos íntimos y sagrados de tu infancia, para llevarnos a compartir tu historia y entender por qué permaneces aquí.

    Sandra Céspedes.

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