¡No sabía quién era!
En un lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, había un hermoso jardín con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.
Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: ¡No sabía quién era! Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano: "Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosísimas manzanas, ¡mira que fácil es!" "No lo escuches", exigía el rosal. "Es más sencillo tener rosas y ¡ve que bellas son!"
Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: ¡No sabía quién era! Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano: "Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosísimas manzanas, ¡mira que fácil es!" "No lo escuches", exigía el rosal. "Es más sencillo tener rosas y ¡ve que bellas son!"
Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
No encontraba a pesar de sus esfuerzos para que tipo e árbol había nacido o de que manera podía dar los frutos que necesitaba para ser el mejor del jardín, pasaba ratos enteros pensando quien era y más aun que tipo de árbol podía llegar hacer, sus horas se iban enteras meditando que frutos debía llegar a dar para no desentonar en tan hermoso jardín.
En un comienzo trato de seguir los comienzos del manzano de dar dulces frutos dulces al paladar de aquellos que quisieran comer tan sabrosos frutos, pensaba que con tan deliciosos frutos podría llenar los sentidos de muchas personas y de esta manera seria recordado como el gran manzano que cambio para siempre la historia del bello jardín pues nunca habría en aquel lugar un manzano que diera frutos tan magníficos.
Lo intento por mucho tiempo pero por mas esfuerzo que hacia fuera de ramas no podía florecer y mas aun no podía dar ni una sola manzana para ser disfrutada por ansiosos comensales.
Desasistió de su tarea al darse cuenta que finalmente su esencia no era ser manzano, que sus intentos fueron en vano y aunque estaba tan entusiasmado con la idea de los frutos logro darse cuenta que aunque luchara una vida entera en su papel de árbol o mejor en su interior nunca podría dar manzanas, y nuevamente el árbol se sintió profundamente triste y nuevamente se dio cuenta que ¡No sabía quién era!.
Entonces se inclino por la segunda idea, la del rosal, y pensó que si no podía dar frutos sabrosos tal vez podría intentar dar otros más hermosos como las rosas, pero como su problema de no saber quien era le había infundado tantos temores pensó en las espinas de las rosas y que, a pesar de su belleza, las rosas también traían una dificultad la de las espinas, pero olvido esto por un momento.
El árbol que ¡No sabía quién era! Se entrego a una nueva ilusión, en esta ocasión pensó en lo hermoso que seria dar belleza al jardín en cada primavera, adornar de hermosas rosas el extenso verde del paisaje, de llenar de aromas el aire y que cada visitante del jardín al mirarlo se maravillara.
Nuevamente su intento fue en vano y en esta ocasión invirtió el doble del tiempo que en el afán de da manzanas, fuera de volverse un poco mas frondoso en sus hojas ni siquiera pudo brotar un tallo, ni una espina y mucho menos un asomo de pétalo de rosa, entonces el árbol se angustio profundamente pues ¡No sabía quién era!.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: "No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la Tierra. Yo te daré la solución... No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tú mismo, conócete... y para lograrlo, escucha tu voz interior."
Y dicho esto, el búho desapareció. "¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?..." Se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió.
Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje...
- Tienes una misión: ¡Cúmplela!" Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.
Yo me pregunto al ver a mi alrededor: ¿Cuántos serán robles que no se permiten a si mismos crecer?... ¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas?... ¿Cuántos, naranjos que no saben florecer? En la vida, todos tenemos un destino que cumplir y un espacio que llenar. No permitamos que nada ni nadie nos impida conocer y compartir la maravillosa esencia de nuestro ser.
Y dicho esto, el búho desapareció. "¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?..." Se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió.
Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje...
- Tienes una misión: ¡Cúmplela!" Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.
Yo me pregunto al ver a mi alrededor: ¿Cuántos serán robles que no se permiten a si mismos crecer?... ¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas?... ¿Cuántos, naranjos que no saben florecer? En la vida, todos tenemos un destino que cumplir y un espacio que llenar. No permitamos que nada ni nadie nos impida conocer y compartir la maravillosa esencia de nuestro ser.
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