sábado, 20 de agosto de 2011

REDESCUBRIR UNA VOCACION.(IVAN FDO PEREZ)


San Isidro: Redescubrir una vocación.


Por: Iván Fernando Pérez Loaiza.

Recuerdo aun esa noche anterior a la salida pedagógica y pienso que desde allí comenzó esta gran experiencia pedagógica, todos los preparativos últimos me llevaban a pensar y la experiencia de ser maestro. Aquella noche mientras preparaba el engrudo para las actividades del próximo día analizaba que la tarea de ser maestro va mas allá de la escuela misma pues ser docente es una tarea constante y continua, es una labor diaria y de construcción es una preparación constante, es un vivir completamente, es una vocación la cual se alimenta diariamente.

Amaneció y aquella mañana resultaba inquietante y nuevamente reflexiva el solo hecho de madrugar con el animo de transmitir el conocimiento a aquellas personitas que en aquel rincón de Antioquia nos esperaban ansiosamente, nuevamente me encontraba desde primeras horas de la mañana en tareas totalmente novedosas, el solo hecho de salir de mi casa inusualmente en bus y luego en metro premeditaban que me encontraría con una experiencia novedosa y excepcional.

Todo el recorrido en el bus de la universidad me llevaba continuamente a adentrarme en mi mismo a repensar mi profesión y acrecentar el deseo de estar ya en aquel lugar que nos esperaba y gran sorpresa al adentrarnos por aquellos caminos de duro trasegar y desde aquí empecé mas profundamente a valorar lo que es ser maestro rural , ser maestro es una verdadera vocación, este pasar diariamente por este largo camino rustico, las madrugadas diarias para llegar a la escuela solo es posible si se tiene una profunda convicción de lo que se hace , si verdaderamente nuestra profesión va mas allá de simples obligaciones y se transforma en una vocación.

Al encontrarme con la escuela despareció de mi mente aquella imagen que había creado de una escuela rural roída y caída y nuevamente nació en mi la esperanza de que la educación es transformadora y que la escuela debe ser el espacio predilecto de todo contexto tanto físico como en sus contenidos, la escuela debe ser para niños y jóvenes el espacio para su libre desarrollo, la escuela y el maestro deben ser los agentes transformadores de la sociedad y la portadora de la esperanza, esperanza que suele desaparecer ante las adversidades de la vida y la inclemencia de el marcado abismo social.

Todos los días, en las escuelas, suceden cosas múltiples y variadas. Los escenarios escolares conforman una trama policromática y peculiar, diferente a la de otras instituciones sociales y cargadas de significados muy específicos. Las escuelas están atravesadas, constituidas, por acontecimientos de diversa índole; pero casi todas las cosas que suceden en ella se relacionan de una forma u otra con la vida pasada, presente y futura de las personas que la habitan y la hacen, básicamente los docentes y alumnos. Los sucesos escolares se entremezclan con sus historias, ilusiones, proyectos y circunstancias. Sin lugar a dudas, la institución escolar siempre estuvo y estará afectada por las expectativas sociales y públicas sobre la formación social y personal de las nuevas generaciones. Pero la actividad de las escuelas no tiene ni cobra sentido si no es experimentada, contada, recreada, vivida por sus habitantes, por los que a través de sus prácticas la reproducen y recrean cotidianamente. Los proyectos educativos, aún los más costosos, “científicamente” informados y técnicamente calibrados, no tendrían ningún efecto sobre las experiencias escolares, si los directivos y docentes no los hicieran propios, los adaptaran a sus propias expectativas y proyectos, los ajustaran a sus propias visiones de los problemas, los rediseñaran a la escala particular de sus propias escuelas y aulas, los dijeran con sus propias voces y escribieran con sus propias palabras. Esta permanente apropiación y resignificación del proyecto escolar hace que las prácticas y experiencias escolares estén cargadas de sentidos, y de sentidos muy diversos, para quiénes las producen y las viven todos los días.

Ahora que observo hacia atrás y recuerdo esta experiencia educativa en el municipio de Santa Rosa de osos solo nacen en mi amplias y profundas reflexiones sobre el papel de ser maestros y, mas allá de las simples tareas del proceso educativo, mi reflexión me lleva a concluir que ser maestro no es solo una profesión, es mucho mas profundo y se convierte en una opción de vida y en gran manera en una verdadera vocación desde un sentido mas espiritual.
La educación es vocación, amor a los niños, interés porque superarse, es querer en bien de todos, es también deber, porque como dijo ese gran maestro que fue Simón Rodríguez “El objeto más noble que puede ocupar el maestro es ilustrar a sus semejantes”.  Si lo vemos desde otra óptica es un proyecto de vida para los jóvenes quienes deben ver este trabajo como un arte, como el deseo de compartir los saberes, con la ayuda que debemos hacer para construirlo.
Algunas conclusiones a las que llego luego de vivenciar esta experiencia es a la de que  enseñar es formar la vida de los alumnos, nosotros contribuimos en su formación. Pero, a la vez demanda que el maestro se prepare espiritual, mental y físicamente. No cabe duda lo que un maestro puede influenciar en la vida de su alumno, ya sea para bien o para mal. El que ha sido llamado a la docencia debe de derramar su vida por sus alumnos, ya que la enseñanza no termina en una clase, ya que la enseñanza es en todo momento y en todo lugar. No hay alumno que no quiera aprender, sino maestro que no quiere mejorar su enseñanza o cambiar su metodología. Si el  alumno no ha aprendido el maestro no ha enseñado nada.
Al experimentar el trabajo en el aula rural nos damos cuenta que los maestros en este contexto  construyen, moldean, cimientan, siembran y conducen los conocimientos fundamentales para el futuro de los niños y adolescentes. Ser maestro no es nada más cubrir un horario de trabajo, ni cumplir con los contenidos del programa escolar, es ir más allá, ¡formar gente provechosa y exitosa!, ser maestro es pulir, cincelar y diseñar con paciencia y tolerancia las habilidades de cada alumno. Haciendo con ello una obra de arte universal.
La dignidad del maestro rural es mantener su ética profesional y responsable en bienestar de su propia actitud personal y educativa, la dignidad del maestro se cultiva, se abona, se alimenta, se enriquece y se valora, con sus propias acciones. Por su gran valor, la dignidad del maestro se fomenta día a día con el ejemplo innegable, la dignidad del maestro rural es un regalo para la sociedad, es un estímulo para las familias, es una bendición para los alumnos ¡Es un triunfo para sí mismo!

1 comentario:

  1. Qué hermoso es saber que esta experiecia ha sido un espacio para que te estuvieras pensando y recreando todo el sentido de tu identidad como docente. Es verdad, "la dignidad del mestro se cultiva" y ésta no depende del contexto en el que se ubica su labor, depende más bien del modo en que aprecia aquel escenario para formar en él y para él.

    Mañana, de nuevo en San Isidro, me complace que nuestros estudiantes tengan la posibilidad de compartir contigo y así sentirse valorados, dignos de sus bellezas y de su humanidad.

    Sandra Céspedes.

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