viernes, 4 de mayo de 2012

Un encuentro con el cine para pensar en la escuela… y sus ausencias


Una de las cosas que más me gusta cuando voy a cine o cuando veo una película, es poder hablar sobre ella después de haberla visto; esto aporta a nuevos descubrimientos, a nuevas miradas y posturas alrededor de la cinta: personajes, imágenes, escenas, el director, los diálogos, la música, la cámara, los planos, etc. son elementos que se pueden tomar para compartir y departir luego de un encuentro con el séptimo arte.
Sin embargo, de un tiempo hacia acá me he dado cuenta de que ya, para mí, no es fácil comenzar una discusión sobre ciertos aspectos de manera inmediata; se me hace necesario algo de tiempo para interiorizar, reflexionar y, desde ahí, hablar o, como en este instante, escribir, para dar a conocer mis formas de ver y de entender las cosas con las cuales interactúo, con las cuales me relaciono.

Y vuelvo sobre todo esto porque hace poco, precisamente, tuve un encuentro con unos hermosos personajes del campo colombiano quienes, a través de sus inocentes y desprevenidas voces, nos cuentan un recurrente y cotidiano conflicto del país: el desplazamiento.

Así, una película cuyas escenas están rodeadas de montañas, de colores, de juegos, de infancia…de conflicto, de preguntas, de incertidumbres, de ausencias, de violencia, lo único que la podía continuar era, además de unas cuantas lágrimas, un ensordecedor silencio. Lo que responde, me atrevo a decir tal y como lo manifesté  antes, al hecho de que a veces nos resulte tan difícil hablar sobre aquello que nos pasa y aquello que nos duele.

Aunque antes había visto la cinta, cuando estuvo en todo su furor y cuando llegó a tener gran éxito en las taquillas de cine comercial, esta vez la vi con otros ojos, era, prácticamente, otra persona al frente de la pantalla, porque aunque ésta logre tocar gran parte de mi sensibilidad desde muchos de los elementos que allí se presentan (los niños representados por muñecos, las balas como un obsequio, la importancia de un balón de fútbol en medio de un campo minado, la cuestionable guerra que se desata en el campo colombiano…)hay uno en especial en la cual quise aguzar mis sentidos: la escuela rural, no la escuela rural en general, no, pues ni con Los colores de la montaña, ni con mi corta, cortísima, experiencia en ella, me atrevería a lanzar verdades sobre un tema tan grande como la escuela rural; me refiero a la escuela rural que nos presenta la película y que, tal vez, tenga cierta semejanza con las realidades de muchas escuelas rurales del país.

Aquí la escuela, entonces, además de ser un lugar de encuentro para aquellos personajes que yo no logro identificar, que no logro saber quiénes son, a qué lado pertenecen, aquellos personajes a quienes no logro entender, así como tampoco logro comprender lo absurdo de la violencia, pero que es posible visionar como los responsables del conflicto, se presenta la escuela, también, como un espacio de ausencias, de muchas ausencias, en donde es un lapicero rojo el mejor indicio para ilustrarlo. Un lugar que antes estuvo invadido por sonrisas, por rostros y por el querido “presente, profesora”, pasó a ser un lugar lleno de silencios, de escritorios sin dueños y de vacíos innombrables…incurables.

Supongo, entonces, que éste es uno de los tantos problemas que subyacen en las escuelas rurales. Supongo que, a veces, ha de ser la violencia la causa principal del abandono escolar. Y aunque sé que líneas arriba expreso que no pretendo hablar desde las generalidades, hoy, recordando a Manuel, a Poca Luz y a Julián, personajes de la película, recuerdo a Jonás, a Verónica y a Nanci, jóvenes con quienes comencé a sentirme maestra y que ya no están pues hicieron un pare en su camino escolar. No sé si fue la violencia, no sé si fueron sus vidas lo que los llevó hacia otros caminos, pero, sea cual fuere la razón, puedo pensar, una vez más y desde mi propia historia, en que la escuela es, entre muchas cosas, un espacio de ausencias, ausencias que me generan dudas y, así como el momento exacto después de la película y durante ella, silencios, fríos y ensordecedores silencios. 

Publicado por: Laura Giraldo García       

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